Estaba tan contento… Pero todo salió tan mal… Resulta que me regalaron una parrilla. Hermosa, hecha a mano, vino hasta con la palita para el carbón… El primer inconveniente fue trasladarla desde Quilmes hasta mi casa en Lanús. La resolución a este problema, fue el desencadenante de una serie de hechos que quisiera olvidar… No tuve mejor idea que pedirle ayuda al “bueno” del Capitan Barbossa. Lo llamé, coordine con él y después de pasearme por toda la ciudad de Quilmes, finalmente, me llevó a buscarla. Iluso de mi, peor todavía… Lo invité a comer unas bondiolitas de cerdo (sepan disculpar mi falta de modestia) mi especialidad a la parrilla. Hasta ahí todo iba bastante bien, pero el tema es que había que subirla treinta escalones por escalera… La parrilla pesaba como cien kilos… Menos mal que a Barbossa se le ocurrió traer a uno de sus “mercenarios” para ayudarme. En realidad no fue para darme una mano, sino que fue sólo por el hecho de que él no quería hacer fuerza… El caradura, se limitó a reir, mirar y filmar, los insultos que profesábamos al aire su mercenario y yo… Lo más triste de todo esto, es que “todo” es culpa mía. Tenía un salamín 214 picado fino, unas aceitunas rellenas con morrón y unas cervezas heladas en el freezer, preparadas para una ocasión especial… Aduciendo estar cansado (no sé de qué), Barbossa me abrió la heladera, atacó las cervezas, las aceitunas y me obligó a pelarle el 214. (No voy a escribir “pelar el salamín” porque sonaría gay, y acá el gay es Fede)… Después de dejarme sin recursos, se fue de casa, y en la puerta me miró con esos ojos de fiera, que decían: “Volveré por más”… Y así fue… A la noche, cayó de nuevo Barbossa en casa. Obvio, con las manos vacías. No me trajo ni una bolsa de carbón, ni dos vinos, ni papas fritas ni cocinera que las fritara, ni postre… Lo único que trajo fue una bolsa de pan y papel de diarios…
Se imaginarán cómo termina esto… No sólo que Barbossa se comió hasta las brasas, sinó que también, a eso de las dos de la matina, agarró el celular y llamó a todos sus amigos gays, travestis, pedófilos pederastas bufarretas, viejos verdes, taxi boys, borrachos y culo rotos… (Homero, buscamugre, Dieter, Wallys, que al menos cayó con una mina… Se imaginan quién… Mejor hubiera venido sólo) En menos de media hora, tenía la casa llena de desviados sexuales… Me escapé por la ventana… Me venció el temor…
Recién hoy volví a casa… Para recuperar la computadora y poder escribir esta bitácora, tuve que sacarla de abajo de una pila de condones usados, consoladores, revistas pornográficas, botellas de vodka, discos de los Village People, Bon Jovi y el príncipe Cae y cosas que me da miedo siquiera escribir… para ir al baño, tuve que pisar la alfombra y debajo de ella se escucho a un tipo gritar: “Che! No pisen!”
Gracias Barbossa… Que lindo es ser tu amigo…

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